Fin de Semana Largo en el Río Dorado (Salta)

junio 22, 2009 por  
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Texto y Fotos Tuna Labarta:

Los preparativos los iniciamos con la luna llena, para salir el día martes 9 de junio con Diego. El lunes interné la camioneta, previa técnica, y quedando lista el jueves para la travesía. Salimos con la familia el viernes a media mañana. Después de tres horas de una mañana hermosa y paisaje inmejorable, llegamos a Villa Aurelia, lugar de acceso al río. Conseguimos la llave del Portón, cruzamos el río Seco, y por serranías y selva transitamos cerca de una hora para llegar al Colectivo, lugar de acampe. Preparamos todo en medio de la zanja, junta de dos vertientes, carpas, fuego, comimos algo y salimos al río. Caminamos unos veinte minutos por una senda fantástica y ya estábamos ante el majestuoso río. En el mejor horario de pesca estábamos recorriendo las primeras correderas, al rato ya Diego tenia el primero y la Patrona otro .Yo venia por atrás probando los ututos jujeños, con los cuales tuve un par de zambullidas espectaculares, sin concretarse. Así terminó la tarde, con algunos piques más, lo que auguraba una buena pesca. Volvimos al campamento, cenamos un lomo de chancho pre-cocinado, y después de un día largo, estábamos a las nueve de la noche, dormidos.
¡Que noche larga y fría! A oscuras me levanté a hacer fuego y preparar la mamila para el polvoro. Desayunamos, preparamos la vianda y equipos y a las ocho estábamos caminando río arriba. Pisando huellas de antas, corzuelas, mayuatos, llegamos a la India Muerta, donde había una carpa. Eran el Ale Biancheti y Chino Fly que ya habían arrancado. Hora y media después, estábamos en el deslinde. Armamos dos equipos Nº 6 y uno Nº 5 con líneas de flote, con Caseritas y Ututos, que me llamó la atención la eficacia, a pesar de las malas condiciones. Unos cuantos tiros y engancho uno lindo, que tras una pelea dura fue al agua, sin foto.

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Empezamos a recorrer río abajo y nada. ¿Los dorados habrían migrado a la ciudad?…Solo algunos se veían de vez en cuando, muy asustadizos en cantidades notablemente inferiores al año pasado. Si bien hacia frío y el agua está muy baja, no justifica la ausencia, tal vez de piques si. No pescamos nada en todo el día. Nos encontramos con Sebastián Zavalia que venía de abajo y esperaba el resto que venían tras nuestro. Tampoco les habia ido muy bien, diciendo que los dorados estaban aún mas arriba y que estaban tratando de cuidar un poco la depredación. Así que volvimos al campamento agotados. Tanto es así que Diego a las nueve de la noche dormía y resucitó recién a las nueve del día siguiente. Amaneció un poco menos frío, y ya río abajo con sal, fósforo y limón para algún sábalo, seguíamos intentando sin éxito. Solo cuando calentó el sol tuvimos un par de piques de algunos muy chicos. ¡Otro día sin ver el color amarillo! Con muchísima hambre volvimos, ya que el sabalito que logre robar era diminuto. Así que preparamos un buen asado, con vino cafayateño, ensalada de berros, tomate cebolla y locoto.
El lunes amaneció más lindo, teníamos solo un par de horas para pescar, así que salimos temprano, caminamos y luego nos largamos río abajo. También nada, solo a último momento Eugenia enganchó uno que con la Winston BL5 Nº 5, le dio una batalla espectacular con muchos saltos, ¡y el polvoro la ayudó a pelearlo!

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A las 13 horas, estábamos volviendo al campamento, almorzamos un estofado de cordero que llevamos congelado mientras desarmábamos el campamento. A las 15 horas, con todo cargado, arrancamos y me quedo plantado en medio de la zanja como el mejor perejil, luchando con el agua y barro por una hora y media y nada. Eugenia decide ir a buscar rescate, 11 kilómetros de trote en una hora veinte, ya hacía las gestiones para que viniera el tractor mientras nosotros seguíamos luchando con el barro sin resultado. Cerca de las siete llego el comité de rescate, una camioneta llena de espectadores y el tractor por detrás. Un tirón, y ya estábamos todos de vuelta. La Patrona fue la heroína de la tarde. Todos exhaustos y picados por los polvorines y jejenes, logramos llegar a la casa a la madrugada….
¡Muchas gracias a Pina González y su familia por todo!
Un viaje de pesca, con poco olor a pescado, mucho humo, picazón y aventura. Ya tengo ganas de volver….
Buena pesca.