Punta del Este: Corvinas Rubias y Negras con Mosca
Marzo 2, 2010 por admin
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Texto y Fotos Mariano Vaquero
Con motivo de unos días de vacaciones en Punta del Este en Uruguay, decidí llevar un equipo de mosca por las dudas. Sabía de la posibilidad de capturar corvinas o lenguados en las costas de esos mares.
Allí mis primeras excursiones pesqueriles allí fueron en solitario y por todos lados. En esos primeros días no pesqué absolutamente nada.
Destaco que el agua es casi transparente, con olas “gigantes” (para cualquier mosquero) y espuma que a veces ni deja ver donde nos paramos o tiramos.
A los pocos días de estos primeros intentos fallidos me contacté con Carlos Montañés, especialista de la zona y uno de los pocos que ha podido capturar allí las corvinas rubias (Micropogonias furnieri) con mosca.

Me contacté con él y salimos. Pescamos esa mañana cada piedra, cada lugar de las playas Bravas, pero nada.
Alli Carlos me enseñó a mirar los peces, a ver las correderas de las piedras; a entender dónde pararme y cómo caminar en ellas. La pesca se realiza de costa, desde las rocas que entran al mar y sobretodo en el sector de las playas denominadas “bravas”.
Se tira principalmente a pez visto, dejando fondear la mosca que se recoge con tirones cortos, como si ésta se arrastrara por la arena. Al final, cerca de ese mediodía, pude clavar mi primer corvina rubia. ¡Qué sorpresa!, yo parado en una piedra, con la rubia que aguantó el cañazo y luego corrió. Una vez y otra. Tiraba como pocos peces he visto. Duro y parejo. Difícil de frenarla. La batalla venía pareja hasta que rozó el tippet en una piedra costera y allí cortó.
Eso sería el inicio de mi “enfermedad corvinera” en estas vacaciones.

Luego, en otras salidas similares sólo o con Carlos oficiando de guía, pude sacar las primeras rubias. Una vuelta, en tres horas junto a otro mosquero que allí conocí – Cayetano Costa – pudimos clavar como 10 en total.
Al ser clavadas las corvinas rubias disparaban entre piedras y correderas que se forman, buscando el mar. Corridas fuertes, parejas. La caña Nº 8 se arqueaba con fuerza y las corridas que fácilmente hacían sonar la chicharra del reel mientras salían algunos metros de backing. Las peleas duran entre 5 y 10 minutos y eso es sin dejarlas correr.
Las Negras y el día de los 3 cortes
A los pocos días nos enteramos que había un gran cardumen de corvinas negras (Pogonias chromis) inmensas en la boca del Arroyo Maldonado, donde desagua en el mar. Muy pocos han podido agarrar una de esos colosos con mosca.
Este ámbito de arroyo no tiene nada. Tiene un ancho de 70 metros, y está lleno de piedras puntiagudas regadas de mejillones filosos y algas. Las olas que entran del mar y que a veces llegan y superan el metro, lo que complican el accionar de la línea y la integridad del pescador (hay que tener mucho cuidado con las caídas).
Una mañana, luego de tener estos datos, me fui a la Boca.

Llegué temprano, antes que salga el sol. Allí tuve tres 3 piques de las “grandes negras”, pero grandes en serio. Todas se me escaparon.
Ese día quede atónito, desconcertado. Estaba alegre, triste, nervioso y excitado a la vez.
Si se clava una “negra” – o cualquier otro pez – no te podes mover. Uno esta parado estático en “su piedra”. Ni un paso se pude dar pues está el mar y sus olas. Hay que aguantarla, sin delicadezas. Si le das hilo, una negra grande es capaz de sacarte 100 metros y de seguro se pierde en las rocas de allá lejos. Si se mete de lleno en la corriente del Arroyo no se la frena y no se la puede seguir por la costa
Ese día de los tres cortes de las “grandes negras” no pude dormir. Soñé en cómo pescarlas con el equipo que disponía, y habiendo ya perdido una de mis 2 únicas líneas en el tercer corte, hasta había puesto un tippet del 0,50 mm y el reel estaba cargado con 20 m de backing.
Nada de eso alcanzó.
Al final la “gran Negra”

Al día siguiente me levanté ante del alba. Llegué a la Boca. Armé arriba del barranco. Estaba sólo.
La boca estaba divina. Olas pero aceptables. Agua que salía con fuerza del Arroyo al mar. Sol que recién aparecía en el horizonte. El veril estaba bien marcado.
Entré temblando al agua por el nerviosismo y la experiencia del día anterior. Sabía que de nuevo, podía picar uno de esos submarinos negros. Me acomodé en la misma roca.
A los pocos minutos no picó nada y me relajé. Me limité, ya más calmo, a disfrutar. Mejoré los tiros que, aclaro, no deben ser gran cosa. Lo difícil es manejar la línea que queda suelta, entre las olas y las rocas. Al rato tengo el gran pique.
Pensé al principio que era una rubia de unos 2 o 3 kilos. Enseguida me di cuenta que no. Era de las grandes, de las “negras”. Ella enseguida buscó el canal. La frené como pude a riesgo de cortar. Prefería cortar de una, y no sufrir luego de varios minutos de pelea como me había sucedido el día anterior.
No podía ganarle ni un centímetro. Es más, ella de a poco me ganaba más y más metros. Se alejaba por el veril sin meterse de lleno en la corriente del Maldonado.
Habrá ganado unos 50 metros. Le faltaban todavía 80 o 100 para llegar al mar (donde era pérdida seguro de pieza y otra línea). Luego de varios cañazos, y tira y afloje, la logré sacar de ahí, pero la lucha se centraba ahora en que no se vaya contra las rocas de la costa.

La caña estaba extendida, apoyada en el hombro y casi paralela al agua, levemente levantada la punta para aguantar los cabezazos y los primeros metros de cada corrida. Pasamos así como media hora.
A las 7.30 apareció en lo alto de la barranca, Carlos con Cayetano. Al verme no lo podían creer. Armaron tranquilos sus equipos y cuando bajaron yo aún seguía con mi menester pesqueril, que ya llegaba a su fin.
A más de 30 minutos de pelea la pude arrimar a aguas sin corriente y con más playa de arena. La negra, como su pescador, estaba exhausta, cansada y ya no correría mas. La alcé haciendo fuerza realmente. Me hicieron las fotos de rigor y sin dudar la devolví a la salda agua.
Al soltarla ella se acomodó y se metió en el canal del Arroyo como si nada hubiera pasado. Mi alegría era indescriptible, inmensa. Tanto que hasta hoy dura.
Luego de ese día seguí yendo como un relojito cada mañana, pero nada.
Eso sí: se llenó de cañas de carnada que algunas bestias lograban capturar y sacrificar sin piedad, pero eso es otra historia. La mía ya estaba escrita.
Un abrazo.
Datos técnicos

- Caña: entre Nº 6 a 8, para corvina rubia y lenguado. Entre Nº 10 y 12 para corvinas negras en el Maldonado.
- Línea: hundimiento total entre Fast II y V; o Sinking tip.
- Moscas: atadas con lana común por los guías, tipo Clowser Minnow. Colorada es la que mejor anda (“Camored”).
- Época: corvinas rubias todo el verano. Corvina negra desde octubre a diciembre y tal vez primeros días de enero.
- Teléfonos guías: Carlos Montañez (042) 222579 / 096 949 811, y Sebastián Díaz 099816784.
En mi opinión esta corvina negra capturada por Mariano es una verdadera hazaña, un hito de la pesca con mosca en el Atlántico sudaméricano. Su busqueda y logro, me generan una enorme admiración y respeto. Espero algún día ser bendecido con la misma “varita mágica” y estar a la altura de las circunstancias.
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Diego Flores




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