Sábalos (Prochilodus lineatus) con Mosca (Parte II)
Agosto 27, 2010 por admin
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Textos Diego Flores, fotos Diego Flores y Tito Fontana.
Según Adrían Tito Fontana el sábalo es uno de nuestros “tres peces demoníacos” que en teoría no toman moscas, y cuya captura es terriblemente emocionante (justamente) por esta característica. Los otros dos son las carpas y lisas.
En esta segunda entrega continuamos sumando información (técnica y biológica) para aquellos que quieran conocer más a este fantástico pez deportivo y tomen la determinación de experimentar su pesca con mosca.
Alimentación del sábalo
En sus primeros instantes de vida el sábalo preda, al igual que el dorado, pequeños organismos del zooplancton. Pero a partir de los 3 cm su sistema digestivo (desde la boca hasta el ano) sufre una metamorfosis radical, que lo transforma en un pez estrictamente iliófago. Esto significa que solo se alimenta de barro orgánico; más específicamente del detritus en descomposición atrapado en el fango, no de los organismos vivos del fango. Este detritus se compone principalmente de plancton precipitado (fito y zoo), hojas del ecosistema terrestre y plantas acuáticas molidas por la acción del río, y en muchas ocasiones, aguas servidas. Digerir barro es tremendamente difícil y requiere adaptaciones muy especializadas.

El estómago del sábalo se divide en dos partes: una cardíaca para almacenamiento y lubricación; y otra pilórica dotada de una poderosa musculatura que se encarga de la trituración. Los iliófagos normalmente tienen intestinos muy largos para aumentar la superficie de absorción. En el sábalo el intestino es relativamente corto (hasta 5 veces el largo del pez) pero lo suplementa con muchos codos, pliegues y ciegos pilóricos en un número que pueden alcanzar los 3000.
El sábalo no solo chupa fango o copos floculados sobre el fondo. También se alimenta de bioderma, esa película fina formada por filamentos algales microscópicos que cubre los objetos bajo el agua. Es común encontrar a Prochilodus chupando piedras, ramas sumergidas, raíces de camalote, pilotes de muelles e incluso cascos de embarcaciones. Para arrancar esta capa nutritiva se vale del efecto “rasqueta” de los dientecillos incisiformes ubicados en su prominente labio superior. También es posible encontrarlo filtrando espuma o detritus flotante en el menisco de agua. Ello es posible a partir de un complejo sistema de filtro branquial que le permite tamizar partículas muy pequeñas.

Estimulando sus sentidos
Está claro que pescar sábalos imitando su alimento es absolutamente imposible. Pero en fly fishing,… ¿imitar alimento es el único camino para capturar un pez?, yo diría que apenas es unos de los muchos recursos de los que disponemos. Como el resto de los peces, los de dieta iliófaga, herbívora o detritívora, pueden llevarse una mosca en su boca por cuestiones que tienen que ver con la curiosidad, exploración, agresión, territorialidad, estimulación con colores, movimientos o brillos. Esta claro que sucede en mucha menor medida que en un pez cazador, pero que sucede, sucede. En nuestro caso cuando un objeto nos produce curiosidad lo inspeccionamos con las manos. Como los peces no tienen manos, obtienen información metiéndolos en su boca.

En mi opinión la enorme mayoría del tiempo los sábalos están en situación de pique OFF, podríamos afirmar que solo están disponibles por tiempos, muy, muy cortos. La clave es ser paciente, observar mucho, y estar en el momento y en el lugar justos, para definir la jugada con la técnica apropiada. No estoy hablando de ir a pescar dorados y que pique un sábalo al voleo, sino de pescarlos específicamente con técnicas de sábalo. En muchos casos similares a las más sutiles técnicas de truchas, y muy próximas a las de las carpas.
En primer lugar tenemos que hacerlo sobre cardúmenes a vista, cuanto más compactos mejor. Prospectear agua libre a ciegas es una perdida completa de tiempo, y el éxito disminuye considerablemente sobre solitarios. Lo ideal abordarlos en aguas bajas, entre 30 cm y 1 metro. Afortunadamente los sábalos gustan de remansos y aguas muertas de escasa profundidad, porque allí el fango es más rico en detritus orgánico y es menos difícil que los ataquen los predadores… Además el agua debe ser relativamente clara para que el pez detecte visualmente la mosca.

Interpretando sus estados de ánimo
Otro punto fundamental tiene que ver con el análisis de su conducta, debemos transformarnos en un etólogo con una caña en la mano. El cuerpo de los peces “habla” y debemos aprender a interpretar que nos dice, cual es su estado de ánimo. En este sentido tanto los sábalos como las carpas nos plantean un entrenamiento infernal. Es tan fino lo que tenemos que hilar con ellos, que cuando volcamos este método de observación sobre peces depredadores como dorados o truchas los resultados resultan explosivos.
Un sábalo nadando en línea recta como un robot, quieto como estatua, adormecido o muy espantadizo no da ninguna chance. Por el contrario sábalos posesos de cierto frenesí, ondulando las aletas de manera anormal, agresivos, nadando en forma errática como una “trucha cazando”, en actitud reproductiva, tailenado en superficie, circulando en calesita, chupando objetos o filtrando la superficie, es un pez vulnerable. Un pez que puede tomar…
En este contexto uno trabaja sobre una bola de peces esperando que uno de ellos se tiente, y le pegue una chupeta a la mosca. Tito Fontana tiene una frase genial que resume la esencia esta pesca “cuando los sábalos hacen cosas de sábalos no pican. Pican cuando hacen cosas que no son de sábalos”. Si vemos a un sábalo hacer algo raro, algo que no es típico de su especie, la probabilidad que tome una mosca aumenta. Este es definitivamente nuestro momento…

Por ello con Tito desarrollamos una escala (como la escala Beaufort de viento) para identificar los estados de ánimo de ese día. Decimos que están “cold” cuando las chances son nulas, “semi horny” cuando sin ser muy definidos muestran síntomas que dan ciertas posibilidades de éxito. Un ejemplo de sábalo “horny” es cuando se encuentran muy activos chupeteando objetos flotantes, alimentándose de bioderma o en una actitud agresiva.
Los pulsos de estos comportamientos pueden ser tanto externos, como internos. Los internos o propios del pez hasta el momento son para mi indescifrables. Al respecto rescato una anécdota de Lucas Piedrabuena de su época de trolling en Paso de la Patria. Buscando dorados en piedras profundas un día sacó 15 sábalos, todos robados. Al otro día sacó la misma cantidad pero la mitad de la boca ¡habían atacado atacado un crank de 15 cm de largo!. Indudablemente ese día hubo una interacción agresiva entre ellos, y atacaron. Ese, a mi entender, es el motivo por el que un sábalo ataca un gran streamer de dorado.

Los pulsos externos pueden ser más advertidles, pronosticables. Los sábalos, al igual que las lisas, son influenciables por la ionización que se produce en momentos de pretormenta. Ese momento mágico puede ser demoledor con la especie. Días de baja presión, sin viento, de agua planchada y sol alto también son muy buenos. Para los sábalos que viven encerrados en cavas o lagunas el primer calor fuerte del año, el que los saca del letargo, puede ser un momento realmente picante.
Los pescadores de saltwater hacen un verdadero culto del milkfish (Chanos chanos), un poderoso guerrero del mar que se alimenta de vegetales, y cuya captura ( por su dieta) es extremadamente dificil. Y cuando logran capturar uno, después de días de esfuerzo, lo celebran como una gran hazaña. ¿Porque no podemos hacer lo mismo con nuestros sábalos, grandes, poderosos, extremadamente abundantes y disponibles con un sutil equipo de trucha?

Hasta la próxima (y última) entrega, donde hablaremos sobre moscas y técnicas…




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