Puerto Madryn: Róbalo y Pejerrey Corno con Mosca

julio 28, 2016 por  
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Texto Diego Flores. Fotos Diego Flores, Luis Brunt, Ariel Steinkamp y Luis Yanguela.

Absolutamente fascinado tras mi vuelta de Valdés/Puerto Madryn, por lo bien que fui tratado, por los nuevos amigos, por sus paisajes alucinantes, y esa fauna única que lo transforma en el “Masái Mara” del mar. Estar pescando con ballenas francas a tiro de piedra, madres con sus crías o adultos cortejándose, es algo que emociona en el subconsciente más profundo. La paz y grandeza que transmiten estos gigantes es única, si hasta parecen ser la corporización del alma más íntima e insondable de los océanos. Se le suma que este sitio lo tiene todo para ser la “Capital de la Pesca con Mosca Marina en Argentina”: diversidad de especies, variación estacional, una riquísima estructura costera, con golfos extremadamente protegidos que permiten pescar con cualquier condición climática, algo impensable en mar abierto.

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Paradójicamente los típicos “mosqueros trucheros” parecen no interesarse demasiado, y los que “caen” a la mosca son pescadores de mar en evolución tras años de carnada y señuelos, dando lugar a un fenómeno que en los últimos dos años mostró un notable crecimiento. Esta visita fue posible gracias a Ariel Steinkamp y Nicolás Meister de “Manila Pesca”, y el apoyo incondicional de Daniel Yanguela y Luis Brunt. Se agregan los momentos compartidos con Walter Ruiz, guía y referente indiscutido de los róbalos con mosca; junto a Lalo Williams pionero en esto de mojar plumas en aguas saladas patagónicas por los años 90´.

La previa me tenía muy excitado ya que los reportes de róbalos (Eleginops maclovinus) eran excelentes, con jornadas que alcanzaban los 30 piques por pescador/día. Pero a mi llegada todo se conjugó en contra, con vientos norte tan fuertes e inusuales, que pusieron al golfo San José y Bahía Cracker como una licuadora de algas y agua turbia, justamente los mejores pesqueros del momento.

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Ello nos circunscribió al Golfo Nuevo donde el pique era más escaso y con el agravante de tener las mareas cambiadas (existe casi 4 horas de diferencia entre ambos golfos). Cobramos unos pocos róbalos, en portes que no superaron el kilo, siempre a ciegas ya que la densidad no permitía capturarlos a vista. Paradójicamente los mejores ejemplares picaron en plena zona urbana y el puerto, con uno realmente gordo que escapó enderezando el anzuelo.

En mi opinión el róbalo es 30% corvina, 30% pejerrey y 40% lisa. Corvina por su pelea recia y de potentes cabezazos; pejerrey por su agilidad y cambios de dirección; y lisa por su comportamiento impredecible. Es un pez que se activa cuando quiere, y nosotros tenemos que estar en el lugar justo y haciendo lo correcto para que pique.

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Mucho tiene que ver con su dieta omnívora, los omnívoros son siempre díscolos a la mosca, a base de lombrices de mar, anfípodos, moluscos bivalvos y algas de hojas verdes. Este último ítem supera el 70% de su contenido estomacal, y cuanto más crecen más herbívoros se vuelven. Las tomadas pasan por irritarlo o estimularlo con colores estridentes; lo más difícil es que pique el primero, una vez que se activan como una reacción en cadena todo más fácil. Horas sin respuesta, y que ataquen varios en pocos minutos es lo normal con la especie.

En Madryn el róbalo habita todo el año, aunque con una baja densidad en los meses cálidos. El momento ideal va de mayo a septiembre, con un pico de concentración en junio y julio.

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Como bien dice Ariel -“el róbalo es un pez de marea”-, aunque no hay patrones evidentes, y la morfología de cada playa marca la diferencia. En el golfo San José lo mejor son las últimas dos horas de creciente, mientras en el Nuevo rinden más las primeras dos horas de pleamar. En bajante las respuestas son más irregulares, aunque con excepciones como el caso de Playa Larralde donde históricamente siempre picó mejor en bajamar. Para la mosca hay un tema lógico: con agua alta bajando es más difícil leer la playa.

Por el contrario con agua baja, en creciente y con la restinga desnuda todo es más fácil de interpretar. Como la detección de cortes o canaletas, que son las vías por las que los róbalos ingresan al planchón rocoso.

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Este pez no le sienta bien la luna llena; menguante y creciente rinden mejor. Gusta mucho del sol, aguas crispadas, oxigenadas, y ligeramente turbias por el oleaje. Lo mismo sucede con los cambios de fondo, resultando clave las interfases piedra/arena, piedra/barro, y las restingas cubiertas de verdín verde o junco de mar.

Las moscas que mejor funcionaron fueron las Blenny Buggers, Gotchas y unas lombrices de conejo prototipos del autor, todas entre anzuelos Nº 4 y 2. Resaltaron los colores rojo, violeta, rosa y naranja, con ojos de plomo o bronce en aguas de más de 1 metro de profundidad, y livianos de cadena en los planchones bajos. Para más información sobre la pesca de róbalos recomendamos leer la siguienet nota técnica: Róbalo patagónico con Mosca en Puerto Madryn

Conociendo al corno

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Todo lo que tuvo de magro el róbalo, lo tuvo de desbordante el corno con mosca, al cual capturamos por decenas (o cientos) en cada salida. El corno o manila (Odonthestes smitti) es el pejerrey por antonomasia de la costa marítima patagónica. Y también el más agresivo y cazador, el que toma moscas con mayor decisión, un pez ideal para pescarlo en grandes números con equipos livianos.

De tamaño mediano su peso normalmente oscila entre 70 y 300 gr, y un ejemplar de 500 gr es considerado muy bueno. De manera excepcional pueden encontrase matungos 700 a 800 gr. y casi 50 cm de largo. El corno es el pejerrey de escamas más pequeñas y delgadas de la Argentina, entre 95 y 105 en su línea lateral, algo que se evidencia en su marcada traslucidez de su dorso. Otras señas particulares son un perfil hidrodinámico, estola gruesa del ancho de 3 escamas, y un pedúnculo caudal notablemente escotado.

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Su coloración va de un verdiazulino en el dorso, a un vientre acerado y aletas de color amarillento con bordes negruzcos. De hábitos costeros, es un pejerrey estrictamente marino que no ingresa en aguas dulces o salobres para alimentarse o reproducirse.

Resulta un nadador infatigable tan musculoso, eléctrico y movedizo, que al tomarlo con la mano recuerda a una pequeña caballa. Si bien su dieta es planctófaga, preda con avidez todo tipo de alevinos, anchoitas, cornalitos, y llegado al caso puede alimentarse de organismos del bentónicos. Los matungos son llamativamente caníbales, por lo que resulta común encontrar en sus estómagos juveniles de su propia especie.

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De abolengo patagónico, su distribución se extiende desde Santa Clara al norte, hasta Tierra del Fuego e Islas Malvinas al sur, con su centro zoogeográfico ubicado en el golfo de San Jorge. Resultan sumamente abundantes en los golfos Nuevo y San José, donde desovan en masa y eligen bahías reparadas y profundas para alimentarse. En invierno cuando las aguas llegan a 7 u 8 ºC, irrumpe en gran número a los bancos aledaños a Mar del Plata y Necochea. En Mar del Plata suele arribar el 9 de julio, razón por la que se lo conoce como pejerrey patrio.

Consultando a Ariel y Daniel, según su tamaño el corno recibe diferentes nombres: alevino (menos de 5 cm), cornalito o flechita (entre 5 y 12 cm), lapicera o cornalón (12 a 20 cm), mediano (20 a 30 cm) y matungo (más de 30 cm). Mientras los tres primeros pueden darse mezclados entre si, por su voracidad los matungos siempre se acarduman solos. En los golfos los cornalitos y corralones se pescan entre febrero y julio, mientras los medianos y matungos salen entre julio y septiembre. Tratándose de mar abierto, esta arribada se retrasa hasta agosto/octubre.

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Por su extrema abundancia, el manila es pasión de multitudes generando un masivo movimiento concursero y de venta de artículos de pesca: con mar favorable un competidor entrenado puede capturar entre 130 y 150 cornos/hora, para los cuales los chicos de “Manila Pesca” arman y desarrollan cañas, abasteciendo una franja costera de 1200 km que va desde San Antonio (Río Negro) hasta puerto San Julián (Santa Cruz). Yendo específicamente a la mosca los alevinos no pican, cualquiera sea la modalidad empleada.

El “cornalito de corno”, al que no hay no confundir con el cornalito verdadero (Odontesthes incisa), pica en cualquier condición de agua, aunque con aguas paradas tiende a aletargarse. De cornalón para arriba, y sobre todo los grandes, pican mejor en creciente en las últimas dos horas antes de la pleamar, donde su cercanía a la costa es máxima. Gusta mucho del agua limpia, encrespada, espumosas o bien oxigenada, y evita aguas paradas o con sedimento en suspensión. Tratándose de grandes ejemplares sobresalen pesqueros como Puerto Lobos, Garipe, Conchillas, Casino y Playa Verde.

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Aquí la logística es sumamente sencilla: se eligen una playa en función del viento y las mareas, se llega con un vehículo, para pescar de vadeo al estilo truchero como si se tratara de un lago o embalse.

En este viaje pude experimentar con cornos de todos los tamaños. Utilice equipo Nº 5 y línea flotante como comodín para la captura de los róbalos, aunque los podría haber capturado sin inconvenientes con equipos Nº 3 o 4. Los cornalitos y corralones toman de muy buena gana ninfitas de alambre de cobre y microstreamers entre Nº 14 y 10. Para los medianos la mosca estrella fueron variaciones de Gotchas (con o sin ala) en tamaños Nº 8 y 6. Los grandes tomaban sin dilaciones grandes streamers de róbalo Nº 4.

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La coloración de las moscas sigue este patrón: abundantes brillos perlados o plateados, junto a un ala de color blanco, rojo o rosa. Este último resultó una revelación con la especie. Las moscas se lastran con ojos de cadena para que naden invertidas, no se enganchen en el fondo, y claven en el maxilar superior de donde se desprenden menos.

Los cornos se los pescan de dos maneras, cebándolos o vadeando al rececho. Con la primera manera todo se pone un poco aburrido, por la abundancia de piques: una tarde nos arrimamos a un grupo de pescadores con carnada y los pinchábamos tiro a tiro. Cuanto más se acarduman, más se enardecen y con más violencia tragan las moscas, aunque con la ceba se llena de pequeños y la posibilidad de sacar matungos decae notablemente. En lo personal prefiero pescarlos al rececho, a vista o buscando el agua nerviosa que delata los matungos cazando.

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Con recuperaciones de la mosca cortitas y rápidas, pescando en pareja y dejando siempre un ejemplar clavado en el agua para retener el cardumen. Y si este se corre o desaparece, buscarlos nuevamente para iniciar el juego nuevamente. Definitivamente un pez tan divertido, como ideal para iniciarse en la mosca en agua salada!!

Clínica de Pesca con Mosca

Los días 18/19 de junio Manila Pesca organizó una clínica de pesca con mosca dictada por Diego Flores, en las que se dictó teoría, atado de moscas y lanzamiento. La misma fue orientada a las posibilidades de los madrynenses, con especial énfasis en la pesca de róbalo, corno y trucha.   Se dictó en las instalaciones del Colegio Politécnico 703 “José Tosche”, gracias a la colaboración de su director Norberto Pérez.

En la misma se sorteó, entre muchas otras cosas, una caña Grey Gull TTR Nº6 gentileza de la firma Gonzalo Galán. El ganador fue Luciano Matias Balda.

Servicios

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Manila Pesca y Camping: expertos en pesca de concurso, spinning y fly fishing. El mejor lugar para asesorarse sobre la pesca en la región. Dirección: Juan B. Justo 568. Teléfono: 0280 447-5701. Encontranos en Facebook.