Sea Trouts: Ciclotímia Pura

marzo 14, 2014 por  
Archivado en Fly Fishing, Notas de Pesca y Videos, Pesca

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Texto y Fotos Fernando Beltrán.

“Ciclotimia” es una palabra con una significación inherente a la psique humana, un término que alude a la oscilación de manera súbita entre estados de euforia y depresión que pueden alcanzar dimensiones patológicas.

A la hora de referirse a Sea run brown trouts, o simplemente Sea trouts –como se las llama corrientemente- no creo que haya desde el enfoque de un pescador deportivo una manera más certera de caracterizar, en un sentido metafórico,  su comportamiento en agua dulce. Abordándolas con una caña de mosca, es difícil pensar acerca de estas truchas en una síntesis más precisa.

Estos peces anádromos que nacen en el río y van al mar para crecer y regresar a reproducirse en los ambientes donde vieron la luz, transcurriendo su existencia en una alternancia de períodos variables entre agua dulce y salada, significan para el mosquero un auténtico reto; obligan a un autocuestionamiento permanente, a búsquedas y uso de tácticas que muchas veces alteran la lógica habitual y empujan a dejar de lado por completo los parámetros clásicos que rigen al fly fishing.

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Los paradigmas sagrados se tornan discutibles y las obviedades incuestionables se cuestionan, y lo que hace que estas decisiones sacrílegas a los ojos de un mosquero conservador tomen fuerza y sentido propio es que los resultados pueden ser increíbles, cuando  “todo lo que debe hacerse” ya no funciona. El ejemplo más extremista de eso es el éxito frecuentemente comprobado de una Green machine o una Bomber usadas con una línea sinking o un tip de hundimiento, moscas secas trabajadas en los más diversos niveles de agua, más allá de su siempre vigente performance en superficie.

Anticipando una respuesta al cuestionamiento mudo que en este preciso momento se hace el lector: ¿Esto es terminante? ¿Debe ser siempre así con las Sea trouts? ¿Es la puerta segura a obtener una respuesta? Definitivamente no, pero es una herramienta más, uno más de los recursos inusuales que van por fuera de los parámetros tradicionales que aprendimos. Para mí, lo apasionante de pescar truchas marrones anádromas pasa en buena medida por eso: la necesidad de hacer un ejercicio permanente de plasticidad mental, asumiendo la actitud de un corredor que tiene que saltar una tras otra las vallas de una carrera de obstáculos. Con la diferencia gigantesca de que en este desafío no hay una cantidad mesurable de vallas predeterminadas, a distancias y alturas conocidas.

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Muy a menudo, pescar Sea trouts con éxito demanda una amplitud de criterio poco frecuente en la vida y en la pesca, en el primer caso porque el ser humano actual tiende preponderantemente a repetir esquemas rígidos y en el segundo, porque la gran mayoría de los peces que pueden capturarse con mosca siguen caminos mucho más predecibles, demandando en consecuencia técnicas más o menos acotadas de acuerdo a cada especie.

Definitivamente, seguir un rumbo estricto no es la mejor actitud para intentar una experiencia triunfal de captura de Sea trouts: en términos comportamentistas, y una vez más desde la visión de un pescador con mosca, la impredecibilidad y la ciclotimia de estas joyas biológicas hacen a esta pesca un mix de adrenalina,desazón, euforia, impotencia, gloria, fascinación, asombro, desquicio, conquista, inconsistencia, descubrimiento, fracaso …     Quizás en ese combo, en esa mezcla compleja y siempre cambiante de sensaciones ambiguas que se disparan con la intensidad de un torrente ingobernable, reside la respuesta para explicar el fanatismo que marca casi indefectiblemente al pescador habitual de Sea trouts, una devoción que sólo encuentro comparable a la pasión que despiertan el Salmón del Atlántico y la Steelhead.

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Ninguna otra especie de agua dulce ejerce en la comunidad mosquera una influencia parecida; tal vez ocurra en el mundo del saltwater con el tarpon y el permit, pero el tipo de relación con el pez, los disparadores internos que alimentan ese vínculo, son diferentes. Hay una distancia sideral entre la actitud relajada naturalmente impuesta por un ambiente cálido, en donde el placer de pescar se traduce objetivamente en una percepción física en el cuerpo: el contacto de la arena en la planta de los pies caminando descalzo, unos shorts y una camisa liviana como único atuendo y la caricia de una cerveza helada entrando en el cuerpo construyen una dimensión propia, una vivencia donde sus componentes tienen una gravitancia diferente, otras connotaciones y otro peso al momento de hacer un balance sobre la experiencia global. Claramente, disfrutar en profundidad ambientes amigables no requiere la condición indispensable de ser un fanático.

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Pescar consistentemente Sea trouts, en cambio, demanda otras cosas, y la dualidad Río Grande/Río Menéndez constituye el mejor y más prestigioso escenario del mundo para ponerlo a prueba. No hay reparos, ni barreras naturales que atenúen nada; no hay árboles, ni accidentes geográficos de gran envergadura, así que la Patagonia indómita y salvaje que pioneros como Thomas Bridges y Francisco Moreno retrataron tan bien se expresa hoy en estas latitudes con la misma intensidad despiadada de entonces. Es parte indisoluble de su magia, pero requiere una dosis de estoicismo que no existe en otras búsquedas. El viento originado en la Antártida misma llega muchas veces intacto, sin ningún obstáculo mitigante que interceda. La sensación térmica cala hasta los huesos,  con frecuencia aún en las semanas más benignas, y la combinación del aire seco y helado con el sol austral que en enero casi no duerme agrieta los labios y deja la piel con la textura de una lija. En abril, los últimos días de la temporada a veces obligan a mantener las cañas en el agua para derretir el hielo que ocluye los pasahilos, y el termómetro acusa temperaturas inferiores a 3 ºC en el agua.

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Si bien es posible pescar en algunas jornadas templadas y calmas, el escenario generalizado es el otro. Inequívocamente, jugar este juego manteniendo una capacidad de disfrutarlo sin fisuras sólo es posible si hay de por medio sentimientos de incondicionalidad difíciles de explicar, una devoción auténtica más profunda que cualquier otra. Esto es lo que atrae a pescadores de especies anádromas una y otra vez, año tras año, desde todos los rincones de la Tierra, historias de seres que frecuentemente  siguen un rito iniciado hace mucho y sostenido con la misma pasión inalterada, una llama que parece inextinguible.

Vamos al agua ahora, intentemos dilucidar por qué hay tantas variables recurrentes y una paleta de técnicas y decisiones tan amplia al momento de tentar a estas truchas itinerantes. En este sentido, el factor más influyente sobre los límites y el enfoque que debemos dar a nuestra pesca es el hecho de que estos peces no se alimentan: en términos simplificados, las Sea trouts nacen en ríos y arroyos, al cabo de un período de alrededor de dos años van al mar donde ingieren una dieta rica en volumen y calidad nutricional y regresan sistemáticamente al agua dulce con tamaños que en Tierra del Fuego pueden alcanzar magnitudes enormes (literalmente las más grandes del planeta), viajando a los mismos ámbitos donde nacieron con el objetivo primordial de reproducirse y cerrar el atávico círculo de la supervivencia, completando sus ciclos biológicos y repitiendo periódicamente este proceso a lo largo de su vida.

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La biología no es matemática y en consecuencia, el análisis de una población determinada mostrará individuos con un comportamiento alejado de la media,  peces que retrasan su viaje al agua salada y truchas que permanecen en el océano un promedio de tiempo mayor, en lugar de regresar anualmente para aparearse en las inmediaciones del lugar donde nacieron; pero en términos de etología general, el ciclo es éste: una especie que no come en agua dulce y que sólo se encuentra en el río con el solo fin de reproducirse y asegurar la existencia de un nuevo desove.  Ahora bien: ¿Realmente no se alimentan? Esta es una pregunta apasionante y tiene una respuesta taxativa que parece de una solidez incuestionable, pero el mismo interrogante admite también una opinión más amplia, menos categórica pero igualmente válida.

Cierto es que las reservas corporales de una trucha marrón anádroma alimentada en el mar alcanza y sobra para cubrir la demanda energética implicada en la reproducción y permanencia en agua dulce antes, durante y después del acto sexual en sí mismo; el fundamento irrefutable de eso es la capacidad de volver a repetirlo a lo largo de temporadas sucesivas, a diferencia de las especies de Salmón del Pacífico, que mueren al cabo de su primer desove.

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Lo que se desprende de esto es que el acto primario de procurarse comida para sobrevivir no es una necesidad para las Sea trouts cuando están en el río, pero puede que lo hagan, no de una manera contundente, no como una actitud franca y permanente propia de una trucha que transcurre la totalidad de su vida en un ecosistema acuático cerrado, pero tal vez la impronta profunda guardada en sus genes dispare en determinadas situaciones la actitud de comer.

El binomio Grande/Menéndez son al respecto un laboratorio excepcional, el banco de pruebas donde testear tácticas que develan aspectos muy interesantes. Febrero de 2014 fue un mes sin lluvias, con aguas muy claras, a veces frías, pero por sobre todo con niveles muy bajos, muy por debajo del promedio para la época. En este escenario, la estrategia casi obligatoria durante la mayor parte del día es usar líderes largos y moscas chicas, pequeñas hasta tamaños que pueden antojarse impensables. La pista que pone en mi cabeza el interrogante sobre la alimentación –no en un sentido franco pero sí factible- es la diferencia clara en las tasas de captura usando imitaciones de organismos acuáticos pequeños frente a cualquier otro tipo y tamaño de moscas, con una diferencia marcada en los resultados.

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Una muestra de ello es el ejemplo de dos guías excepcionales, ambos con muchos años de experiencia pescando y trabajando con Sea trouts, actuando con esta condición de agua y en este momento de la temporada: uno de ellos utiliza casi exclusivamente una imitación realista de una especie presente en estas aguas  con preponderancia poblacional sobre otros microorganismos, atada por él mismo respetando color, silueta y tamaño específicos, con el convencimiento que los peces que  obtiene responden de un modo diferencial a ese diseño puntual; el otro usa una batería amplia e inespecífica de larvas y ninfas con aspectos  y tonalidades dlferentes, seguro de que la única cuestión que pesa realmente es la focalización en el tamaño.

Eligen caminos distintos y logran resultados similares, pero consiguen muy buenos desempeños coincidiendo en un único punto: el rango de tamaño en los anzuelos que usan, variable entre #12 Y #16.  Aquí es donde cobra sentido el término “impensable”, porque puede parecer un desquicio enfrentar un pozo que alberga la chance potencial de un torpedo por encima de 10 kilos con una Hare´s ear adecuada para pescar un arroyo serrano. Eso es, más que jugar con fuego, meterse de cabeza en un incendio, pero las diferencias entre conseguir peces o no pueden ser tales que a menudo se convierte en una elección inevitable.

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Sin embargo, esto no significa atesorar la victoria, o una receta que pueda presumir de inalterable. Por eso funcionan también las estéticas moscas de salmón que ata y usa con absoluta vigencia Danny Lajous desde ese baluarte de privilegio que es Despedida, el lodge emplazado en tierras de la estancia homónima que es también su lugar en el mundo. Creo que la fascinación de pescar estas marrones anádromas pasa en buena medida por allí, por la certeza conciente de saber que siempre queda un costado abierto, por el cual abrir caminos alternativos que  pueden dar sorpresas.

Existen extremos muy alejados en cuanto a las mejores estrategias a seguir entre aguas altas y bajas, en los diferentes momentos de la temporada, y aun en un momento determinado de ella dentro de un mismo día. Los mismos peces que pueden comportarse como estatuas durante largas horas explotan de pronto en un frenesí difícil de explicar y de comprender si no se ha experimentado, en donde una hora de actividad puede convertirse en una experiencia recordable de por vida.

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La llave adecuada puede pasar de una mosca ínfima a un streamer articulado de ocho centímetros en pocos minutos, y apostar a la pesca en superficie en períodos clave regala el fruto más sublime de todos, porque la visión de una trucha enorme subiendo a sorber delicadamente una seca es una sensación intransferible. Como si todo esto resultara insuficiente, la reacción que lleva a tomar un anzuelo tiene motores diferentes en un mismo pez, en función del tiempo transcurrido desde que éste dejó atrás el océano para protagonizar su viaje en agua dulce río arriba.

La conjunción de todas estas variables intrínsecas y extrínsecas lleva a una interacción simultánea de componentes temporales, biológicos, climáticos e hídricos que obligan a enfrentar un acertijo que nunca descansa, poblado de disquisiciones permanentes e interrogantes que muchas veces no podemos responder.  Pescar Sea trouts conlleva una búsqueda incesante, una paleta de recursos múltiples con límites difusos, en donde el campo para la experimentación y el hallazgo no está cerrado en absoluto, ofrendando por ello la oportunidad invalorable de ir siempre más allá, más lejos, más hondo,  una aproximación a la belleza atemporal de la esencia misma de la pesca con mosca.

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En agradecimiento a Alex Trochine y Tommy Lajous, porque aprendí de ellos algo nuevo cada día, pero por sobre todo, por la grandeza que descansa en la generosidad de compartir desinteresadamente lo que saben.

Comentarios

3 Respuestas para “Sea Trouts: Ciclotímia Pura”
  1. juan alberto perez dice:

    Muy buena nota!!! Te felicito, estuve este año en la estancia “Despedida”. Es así como lo comentaste, gracias por la nota a muchos pescadores les va a servir!!!!.
    Te mando un abrazo.

  2. patricio dice:

    Excelente el artículo y la visión. Abre un abanico de interrogantes sobre esta atrapante y desafiante pesca d las sea trout. Muy bueno!!

  3. Álvaro dice:

    Un gusto leer el artículo. Está muy bien escrito y para quienes compartimos la pasión de esta adictiva actividad, es un verdadero placer. Espero poder estar en algún momento por allá. Saludos!!