Surubí Atigrado con Mosca en Tsimane

diciembre 1, 2012 por  
Archivado en Fly Fishing, Notas de Pesca y Videos, Pesca

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Textos Diego Flores. Fotos Florian Kaiser, Diego Flores y Breno Ballesteros.

Muchas veces la frustración es el primer paso hacia una pesca o un pez inolvidable. Y esta historia trata justamente de ello…

Mi primer día en Pluma Lodge, pescando Coruya y los últimos 2 kilómetros del Pluma, no resultó según lo esperado. Compartí el río con Exequiel Bustos, pasamos un gran día, y tuve la oportunidad de aprender sobre su particular modo de sentir la pesca en la selva. Pero el río se encontraba frío, y acomodándose tras un gran turbión, que resultó el segundo más violento del año. La pesca fue muy trabajada, había que poner mucho para engañar un buen amarillo. Son como esos partidos cerrados donde uno tiene la sensación que el buen futbol aparecerá después del primer gol,… ¡pero ese primer gol no llegaba nunca!

En parte por mi inexperiencia con dorados tan grandes, por el agua fría y otro tanto por la mala fortuna; los cortes, zafadas y clavadas en falso (con peces de 7 a 10 kg. largos) fueron una constante. Un día entretenido con muchos medianos de 3/4 kg, varias ajusticiadas de chancletas a manos de leviatanes amarillos, y un solo grande (8 kg), que salió cuadriculando el Pluma al estilo Limay.

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En cualquier otro sitio hubiera sido una jornada memorable, pero en Tsimane (y según mi interpretación de los hechos) tenía sabor a poco. El día daba para bastante más, y estaba claro que por mis propias limitaciones, había subpescado. A pesar de la plenitud de estar en tan bello lugar, ese regusto a hiel me hirió profundo. Mientras regresabamos en el mule, en charlas con Exequiel, repasaba mentalmente una y otra vez cada hecho, tratando de detectar mis errores y como revertirlos.

Esa noche no hice sobremesa con Joaquín, Florian y Breno. Tras la cena (que bien cocina Lucrecia Badessich!!!) y unas copas de vino, me retire temprano a acondicionar todo en la intimidad de mi habitación. Mi idea era levantarme al amanecer, para una sesión mañanera en el Home Pool hasta el desayuno. “Al que madruga Dios los ayuda”, y la verdad, necesitaba una ayuda del río para cicatrizar esa frustración…

Mientras duró la luz preparé mi caña 7, un leader nuevo y cable de acero fresco, con nudos prolijos y cortados al ras. Con la parsimonia de un ritual, acomodé el tremendo desorden de mi riñonera,  dispuse de cámara de fotos, piedra de afilar, tippets, pinza y una bolsita zipploc con moscas ultraseleccionadas (varias de ellas retocadas con indeleble y peluqueadas para ser más etéreas y pulsátiles).

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La ropa quedó escurriendo en el baño, colgada prolijita para poderla tomar sin inconvenientes en la oscuridad (el grupo electrógeno recién se enciende a las 7 a.m.).

Esa noche, los gorjeos de la Amazonia sonaron más nítidos y estereofónicos que nunca.

Los primeros rayos del alba, con las cortinas levantadas, me levantaron antes que sonara el despertador. Salté de la cama, y en la penumbra, el contacto de la piel con las ropas húmedas y frías (en la selva nunca se secan) me arrancó la somnolencia de un cachetazo. Salí al deck, y mientras anudaba las botas de vadeo mirando el agua, un par de estampidas me aceleraron el corazón. La suerte estaba echada: sería a matar o morir pescando cacerías en el Home Pool!!!

Con el río oscuro y brumoso, baje las escaleras, subí a la coamba y sirgando con torpeza llegué a la orilla contraria. Bandadas de cormoranes me sobrevolaban, resonando el aire con sus alas. Afirmé la canoa en la arena, no sea cosa que la arrastre la corriente, y empecé la cacería…

Enfrente del Lodge, el Home Pool posee una larga playa de arena y grava fina de 300 metros, bastante homogénea y sin estructuras que sirva de referencia. Como las cacerías se arman y desarman en segundos, y los segundos valen oro, una parte importante es jugársela a una franja, como un arquero escoge a un palo durante un penal. Yo me la jugué enfrente del salón comedor;… en el desayuno anterior había visto que el grueso de los ataques se producía en ese sector, bien en el centro del pool, en un radio de 30 o 40 metros.

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Esta pesca de cacerías tiene mucho del frenesí y la velocidad de un flat caribeño. De hecho esa margen es un flat en el estricto sentido de la palabra, donde la conducta del dorado se asemeja muchísimo a los crevales del atlántico. Un pez agresivo se lo debe pescar agresivamente, y con la línea hecha anillas en la mano, hay que correr de un lado a otro como en el film de roosterfish “Running Down the Man”.

Aquí la línea rebosada en arena se transforma en una tortura (no corre), y el tranque en un palito puede malograr una gran oportunidad o el pez de nuestras vidas.

Se arma la primera cacería a 30 metros, corro por la arena, pero el tiro llega tarde y no da pez. Luego se arma otra, la mosca entra bien, siento el pique pero no logro clavar. Abrumado de emoción sigo los dorados, que en la penumbra del flat se perciben como pinceladas amarillas disfusas. Nadan en grupos, formando semicírculos, aceleran de golpe y hostigan a los sábalos hacia el callejón de la costa. Es un espectaculo visual impactante. Analizando sus movimientos, es posible anticipar donde se va a catalizar la cacería. Durante la espera cometo el error de castearle a dos dorados en modo patrulla. Lo único que consigo es espantarlos, romper el cardumen y retrazar la formación de nuevos ataques (único momento en que pican).

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En eso, sobre el veril del pozón más allá de los sábalos y los dorados, vislumbro tres manchas azabache de gran tamaño. Eran surubíes atigrados (Pseudoplatystoma fasciatum), a medio camino entre activos y expectantes. En modo patrulla, ignoraban completamente la mosca. Ni se espantaban, ni la tomaban, a pesar que los tiros eran muy buenos debido a su lenta natación.

De repente se arma un terrible bombardeo casi a mis pies, en solo 20 cm de agua. Varios sábalos salen volando y un par aterrizan en la arena haciéndose milanesa. La mosca entró justa, y en el medio de un gran borbollón, se detuvo en seco. Clavo con fuerza y el pez sale expulsado en una tremenda corrida de 60 metros largos, hasta que lo detiene la costa de enfrente. El hecho de sentir mucho peso y que no saltara me hizo pensar en un dorado verdaderamente grande. Algo que en Pluma, por la gordura de los ejemplares, sucede bastante a menudo. El primer síntoma de que algo no encajaba fue que el pez empezó a recorrer el pozo hacia arriba y hacia abajo, forzando el enganche en el tronquerío sumergido de la costa de enfrente. Con mucho miedo por perderlo, aumenté la presión tratando de sacarlo de la oscuridad del pozo a la claridad del flat. No daba síntomas de cansancio, y las corridas redoblaban cada vez que amenazaba entrar al agua baja.

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Para ese momento estaba casi seguro que era un surubí, y cuando se recortó contra la arena del bajo, exploté de alegría. Al vararlo, escuchar ese bufido, esa desinflada surubicera tan característica, me hizo sentír enormemente afortunado. El Pluma me regalaba algo que se da muy, muy pocas veces en la vida.

En medio del griterío de enfrente, con Florian y Breno gatillando sus réflex, pude sacarme unas autofotos apoyando mi cámara en las piedras. El surubí es un pez sumamente dócil y rústico a la manipulación. Tocarlo, mirarlo a los ojos, jugar con él antes de la devolución fue una gran experiencia. Para esos momentos sonaban los gritos de Vicky llamándome para el desayuno. Crucé haciendo trompos con la coamba, y atolondrado por la emoción, conté a todos mi experiencia. El día no podía empezar mejor. Por una multiplicidad de circunstancias, ese surubí era un pez absolutamente inolvidable!!!

La jornada que continuó de la mano de Lucas Chialvo, con terribles dorados en el Pluma Inferior, para redondear el que tal vez sea mi mejor día de pesca de agua dulce. Un día donde el río explotó, y entregó todo. Pero esa será otra historia…

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PD1: Florian Kaiser, con quien compartimos viaje, genero las fotos  que le dan mucha riqueza al relato. Ellas retratan las cacerías, el momento de la conexión y la primer corrida. Nuevamente muchas gracias Florian por el registro y la amabilidad de compartirlo!!!!

PD2: el último día, horas antes de la partida del avión, hice otro intento corto de cacerías en el mismo pool. Volví a ver los atigrados en el mismo sitio, con una actitud más relajada. Nuevamente eran tres y empecé a tirarles. Me ignoraban por completo, hasta que uno al ver la mosca salió disparado como si hubiera visto al mismo diablo. Me fue imposible no pensar que había sido el mismo ejemplar de hace dos días. Si así era, muestra que es un pez con mucha capacidad de aprendizaje; había dado el primer paso en convertirse en un pez educado por la presión de pesca.

Comentarios

13 Respuestas para “Surubí Atigrado con Mosca en Tsimane”
  1. Tuna Labarta dice:

    Es sabido,que los surubies se alimentan más de noche, como la mayoría de las especies! Por lo que, los extremos del dia, son los indicados para tentarlos! Su gran capacidad de aprendizaje, seguramente los hara sobrevivir, por sobre nuestra decadente súper especie!
    Nosotros necesitamos de ellos y su medio, ellos no de nosotros.

  2. guerino dice:

    Felicitaciones Diego, tu relato es tan explicito que me imagino el lugar como si lo viera!!

  3. Santiago Lesta dice:

    Asombrosa experiencia Diego…y tu relato mejor aún !! Ahora que rompiste el hielo con los suruba, supongo que estarás pensando en pescarlos en nuestro litoral, no?

  4. Sumo dice:

    Espectacular la pesca y el relato !!!
    Felicitaciones !!!

  5. mariano dice:

    Mas allá de la extraordinaia, solitaria e insólita captura, me quedo con tu relato de aquellos hechos que todos -sea atigrado, tarucha, arco iris, etc- vivimos cuando nos proponemos un objetivo. Y mejor aún, si como vos, lo logramos.
    Realmente felicitaciones Diego!! …para mí es “el pool del atigrado Flores”.

  6. Guillermo Ivan Spajic dice:

    UHHFFF que pescado!!! me diste ganas de pescar Diego eso no se hace! jajajajja te mando un abrazo
    Ramone

  7. Nico Y. dice:

    Diego, normalmente no dejo comentarios, pero esta nota me pegó fuerte…
    Hace un par de meses estuve en Florencia haciendo una pesca en bancos y las cacerías, que tan bien describís, me dejaron con sueños que me acompañaron por semanas (sinceramente, y me arriesgo a la gastada, me desperté un par de veces porque clavaba con la mano izquierda, jajaja)
    Hace 3 semanas estuvimos con Peto en Itatí, que le dió un vuelta de tuerca a esta pesca, te lleva por los bancos con una pértiga estilo caribe… mortífero. Además se ocupa de incinerarte la cabeza con los surubí avistados en “los bancos de la muerte” como le dice él.
    Te dejo un abrazo y no dejes de compartir tus relatos.
    Nicolás.

  8. Hector Solares dice:

    Diego! Solo faltò el aroma del lugar, de la arena, del agua… Que relato por dios! Esa experiencia y la forma que la contàs me enseña mucho, yo perdi una tomada de surubi en superficie que me dejo con los pelos de punta. Veremos si se me vuelve a dar, pero imagino tu emocion y alegria que relatas. Gracias por compartir!

  9. sebastian dice:

    Hola Diego, de muy alto vuelo la clase (escrita) de pesca, no me quiero imaginar lo que se puede aprender en vivo y en directo!! Saludos, y gracias che…

  10. EMANUEL dice:

    Impresionante relato, de alto poder educativo… Ojala todos los amantes de esta actividad logren mostrar sus capturas en una foto, acompañada de tal relato y no mostrándolas en una conservadora. Cosas como estas, dan ganas de agarrar la caña.
    Un abrazo grande,.. Emanuel.

  11. Leonel dice:

    Gracias Diego por tremendo relato!!
    otra de tus notas quemasesos
    Abrazo

  12. giorgio villegas dice:

    Que buen relato… me mantuvo en vilo todo el tiempo… felicitaciones.

  13. Diego Flores dice:

    Que bueno que les haya gustado, definitivamente los momento vividos en el relato quedaron grabados para siempre en mi memoria. Este debut con la especie no podría haber sido más idílico!!!